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Ariosto Otero: “El muralismo hace justicia social con la memoria”

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Jueves 06 de septiembre de 2012. La tradición política del muralismo está viva en Latinoamérica y uno de sus principales exponentes es Ariosto Otero. El artista mexicano preside la Unión Latinoamericana de Muralistas y en este encuentro con Inés habla de la función del arte, de justicia social y del poder revolucionario de la memoria... Trabajo de tierra, la raíz ineludible.

Tan pronto canta una apasionada llorona oaxaqueña, como emprende una disertación sobre el interés de los estados en sepultar la memoria de los pueblos, pero, en realidad, lo suyo es trabajar la tierra. Con ella moldea el espacio. Cemento, cal y arena. Las caras de los pueblos hambrientos, de los vende patrias y de los próceres adquieren entonces un relieve monumental.

El maestro Ariosto Otero, muralista mexicano, nos visita en Costa Rica, con su torrente imposible de virulas. Con él y con sus manos se ha incrustado en el espacio urbano de la megalópolis mexicana gracias a unos 50 murales que hoy pueden contemplarse en la Secretaría de Gobernación, en el Sindicato Nacional de Trabajadores, en la antigua fábrica de hilos Cadena, en las estaciones de metro Revolución y La Raza o en el Mercado San Ángel. Sus obras, además, están en Colombia, en Uruguay, en Guatemala y en Argentina.

“El resultado no es gratuito. Hay que mancharse, hay que agrietarse las manos, hay que entrar hasta el fondo de la materia. Hay que conocer la historia y recordarla. No podemos hacer muralismo virtual…”. Mientras me muestra su mirada caminamos a la radio, donde se reunirá, entre otros, con el maestro escultor Aquiles Jiménez.

Ariosto regresa en la conversación a su obsesión: la recuperación de las identidades latinoamericanas, la urgencia de una gran revolución continental que resitúe a los pueblos en el mapa de la historia, de la memoria y del poder. También la libertad de expresión y el papel del arte comprometido, labor que ejerce como presidente de la Unión Latinoamericana de Muralistas y Creadores de Arte Monumental. “Cuando se habla de arte yo me pregunto para quién hace arte el artista, y me digo a mí mismo: ‘el muralismo no se hace para el artista, el muralismo es para los demás’. Para que encuentren en esa obra pública lo que les gustaría decir y no pueden… (…) porque el mural es una obra cinematográfica, escenográfica, arquitectónica, con toda la carga humanista que conlleva situarse en el espacio público y narrar y recordar. El mural tiene una gran labor pedagógica y pertenece por ende a los pueblos”.

El artista hace un paréntesis para recordar la realización del mural que levantó en Ciudad Antigua (Guatemala) mientras se llevaba a cabo la Audiencia 2008 del Tribunal Latinoamericano del Agua. “Mientras se exponían los casos, yo iba plasmando en un muro colores, manos, personajes. Nadie creyó que lo fuera a terminar en tan solo una semana, pero ahí estuve día y noche. El muralismo es otra forma de hacer justicia social. Es hacer justicia con la memoria”

Esta labor pedagógica y de vindicación de la memoria de Otero le ha llevado a la Universidad de La Plata, donde ha impartido clases de Muralismo junto con Cristina Terzaghi. Tras más de 30 años de arduo trabajo busca alguien a quien legar lo aprendido.

“El mural siempre surtirá escozor en muchas entidades gubernamentales, no por ser una obra simplemente contestataria, sino porque es una obra identitaria, basada en la investigación, en las constituciones, en las leyes, en la vida y en la justicia social. En un mundo donde las instituciones culturales, y aun los mismos gobiernos, tratan de destruir las raíces de los pueblos para, haciendo tabula rasa, entrar a expoliar sus recursos, el muralismo es un ejemplo de sostenimiento de esas raíces, muchas cosas pasan, pero los muros quedan”, reivindica el artista mexicano.

Sin embargo, no siempre los muros quedan. Ante la pregunta de si alguna vez sufrió la censura de la que fuera objeto Diego Rivera en el Rockefeller Center, Otero recuerda un mural suyo que el actual gobernador de Baja California, José Guadalupe Osuna Millán, destruyó hace 10 años. Esta censura es a veces fruto de la misma ignorancia. “Mi mural estaba en la Plaza Libertad de Expresión, que el asesinado Don Donaldo Colosio mandó construir. Paradójicamente, éste no contenía ningún mensaje que pudiera ofender política, social o culturalmente, de alguna manera era ingenuo porque hablaba de la Revolución Mexicana y del poder de la Industria Nacional, en el entendido de que nuestro país podía sacar ventajas comparativas con el Tratado de Libre Comercio y alcanzar un desarrolló”, cuenta Otero. Y añade un contundente: “Me equivoqué [con el TLC]. Nos dieron dulcecitos a cambio de la riqueza mexicana”.

México y revolución

“Quieren borrar nuestra memoria”, añade. “Los movimientos políticos que reivindicaron a la revolución son los mismos que han atentado contra su imagen. Pero cuando nuestro pueblo tiene más problemas y le duele más, seguramente es cuando más recordemos la lucha de Zapata cabalgando por los montes de Morelos”.

Sobre el legado de la Revolución, Otero admite que entre sus influencias están los grandes muralistas mexicanos. Y no solo Siqueiros, de quien tomó las técnicas de ordenamiento espacial, sino también Rivera, Orozco, O´Gorman o José Chávez Morado. “Y también los métodos de construcción maya. Ellos utilizaban cal y arena, que aglutinaban con resina y baba de nopal. Al mural que hago le he añadido el cemento”. 

Pero no solo de un lado del charco bebió Otero, pues el artista recuerda que aprendió técnicas pictóricas en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en un Madrid del 66 todavía gobernado por Franco. En él pasó semanas con un amigo canario en el parque del Retiro, buscando el equilibrio pictórico de sus estatuas para las pruebas de acceso de la Academia. “Éramos 800, solo había 20 plazas. Entrar fue fruto de mucho trabajo, como casi todas las cosas en la vida, por eso digo que el Mural y las luchas de los pueblos no se pueden hacer de la noche a la mañana, sino que solo llegan con un gran esfuerzo. Reivindicar la naturaleza, el humanismo, la vida misma ha de ser hoy nuestra labor central”. Y como su Declaración Artística concluye “Quizá sea el muralismo el arte rupestre del nuevo milenio”.

 

Nota de: Inés Giménez Delgado
Medio: Otra América de Sur a Norte
Fecha: 06 de septiembre de 2012
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Frase

“El muralismo es una conquista del espacio público a favor de las causas sociales”

Ariosto Otero